10/29/2006

¿Hay alternativa al capitalismo? (y III. El estado y el mercado)

¿Qué tanto estado y qué tanto mercado? Para una economía como la mexicana esta parecer la pregunta angular. La buena noticia es que no sólo en nuestro país se da esta discusión, la mala que muchos países han logrado consensos prácticos a este respecto y parecen estar creciendo en el sentido económico mucho más rápido que el nuestro. La disputa no es menor, sin embargo existen dos aspectos que saltan a la vista. El primero es que para muchos de los contendientes no existe diferencia entre el estado y el gobierno, confusión muy común si se toma en cuenta que en algunos países como el nuestro depositan en la misma persona (el presidente de la república) la jefatura del gobierno y el estado simultáneamente. El segundo es que muchos de los que critican la pasividad del estado ante doctrinas económicas como el neoliberalismo no realizan contrapropuestas concretas sobre la participación del estado en la economía lo que los circunscribe a la oposición conceptual y no a la real.

La discusión sobre si es necesario algo como el estado la dejaremos para otro escrito así que comenzaremos definiendo qué es el estado. De acuerdo al derecho internacional la definición de estado es la siguiente : "Se define por Estado al conjunto de personas que se encuentran en un territorio definido unidas por un sentimiento común denominado nacionalismo y cuentan con la facultad de autodeterminar sus propias leyes así como su forma de gobierno de manera soberana". Casi todos los autores coinciden en que existen al menos tres componentes fundamentales básicos del estado : un territorio ,una población y un gobierno. En este sentido la pregunta sobre la intervención del estado en la economía suena carente de sentido, el estado sería el "teatro" donde se representaría la obra (muchas veces tragedia) de la economía, no se puede pedir que se extingan las interrelaciones entre ambos. Reformularemos entonces la pregunta del siguiente modo ¿debe intervenir el GOBIERNO en la economía? y si es así ¿de qué manera?.

Para responder a ambas preguntas debemos poner en claro en primer lugar para qué sirve un gobierno. Sabemos que el gobierno hace leyes y busca hacerlas cumplir. Sabemos que el gobierno controla la fuerza pública , recauda impuestos y los invierte en obras, entre otras muchas tareas. Sin embargo todo lo anteriormente descrito no es en sí mismo un fin , si no un medio. El fin último de un gobierno es mucho más noble y más fácil de enunciar (aunque no por ello de realizar): El objetivo de todo gobierno es dotar a la población de un estado en específico de los medios necesarios para alcanzar el pleno desarrollo humano.

Como vimos en los dos anteriores artículos de esta serie, el mercado cuenta con una innegable precisión matemática en la regulación de los precios , sin embargo sus puntos de equilibrio no están íntimamente vinculados con los postulados más básicos de la justicia social. Una primera aproximación al papel del gobierno en la economía sería el postular que es misión del mismo el acercar los "puntos de equilibrio" del mercado a las condiciones económicas óptimas para que la totalidad de la población tenga los elementos básicos para alcanzar su pleno desarrollo (ingresos altos para todos y precios bajos para lo más fundamental , trasladando hasta la utopía). Éste me parece un piso teórico adecuado pero ¿hacia dónde dar el primer paso? , ¿cómo materializar el ideal?.

Ni el autor ni nadie más tiene las respuestas a estas preguntas , sin embargo me gustaría delimitar algunas directrices que me parecen algo olvidadas por los gobiernos que (de uno u otro lado) intentan descifrar el enigma:

1. La oferta y la demanda es un proceso dual , es imposible atacar una parte de la ecuación y no afectar la otra.

Este es un postulado olvidado por los gobiernos que fomentan el control de precios por ejemplo. Dentro de su lógica si bajan el precio de la leche más personas podrán acceder a ella. Falso. De nada sirve mantener un precio bajo (oferta) si no existe del otro lado alguien capaz de comprar (demanda) ese bien. Aumentar el poder adquisitivo del grueso de la población tendría los mismos efectos respecto a la adquisición de bienes y además ahorraría a los gobernantes el pensar qué productos requieren topes de precio y cuáles no , ya que la propia demanda se encargaría de ello. Lamentablemente el poder adquisitivo no se modifica por decreto y ahí entra el punto dos . . .

2. Es el mercado de trabajo y no el gobierno el que fija los niveles salariales.

El salario mínimo en México es una broma cruel. Pero el objetivo de los que lo fijan no es precisamente la diversión. Un aumento por decreto en las percepciones reales de los trabajadores terminaría por introducir distorsiones al sistema "natural" de fijación de sueldos. Y como todo buen sistema tendería a modificar su comportamiento hasta contrarrestar las distorsiones y alcanzar un nuevo punto de equilibrio. Esa modificación en el comportamiento se traduciría en una escalada inflacionaria. Es por eso que el salario mínimo se mantiene tan alejado de la realidad económica, de otro modo el demagógico aumento anual en el mismo terminaría por gestar una inflación galopante.

Si al gobierno le parece inequitativo el reparto de salarios debe preocuparse por cambiar las inercias subyacentes en el mercado de trabajo más que por atacar sus manifestaciones más evidentes (los pesos y centavos que cada quien gana).

Una de estas inercias es la muralla financiera que separa a los trabajadores , micro y medianos empresarios de los grandes capitalistas y que (desde la perspectiva de la teoría de juegos) termina por ofrecerles a los segundos gran parte de las victorias.

3. El mercado se puede modificar y encaminar.

Algunos defensores de doctrinas como el neoliberalismo postulan una clase de fatalismo respecto al mercado. Se pueden incorporar nuevas personas a él , pero una vez dentro su destino queda en manos de las inmutables fuerzas mercantiles. Esto sería cierto si el mercado fuera un sistema cerrado, sin embargo la apertura está implícita en su naturaleza. Para modificar a un sistema abierto se deben identificar y modificar las entradas al mismo , así como las fuerzas externas que tienen incidencia en él. En el caso de la economía los gobiernos deberían hacerse preguntas como: ¿tienen la mayoría de las personas activos con la suficiente fungibilidad (capacidad de convertirse en generadores de capital)?. ¿Hasta qué nivel se puede volver fungible la mano de obra?. ¿Existen condiciones que permitan a los trabajadores asalariados alcanzar negociaciones equilibradas con los grandes capitalistas?. ¿Tiene la economía el tamaño y regulación suficientes para absorber acciones distorsionadoras del mercado de trabajo como el nepotismo y los despidos injustificados?. ¿Sucede lo mismo con el mercado de productos?.